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Artículo publicado en la revista Labor Dental.

1- Del haluro de plata al bit

Es evidente que en la actualidad – junio del 2004 – la fotografía digital tiene un nivel de introducción en el campo de la documentación gráfica que ya se está equiparando al de la fotografía convencional.

Prácticamente todas las imágenes que se utilizan en la prensa diaria y en la prensa deportiva tienen origen digital. Las agencias de noticias proveen a sus fotógrafos de cámaras digitales de nivel profesional y, los fotógrafos que trabajan por libre deben adecuar también sus equipos a las necesidades de sus clientes. Los estudios fotográficos, verdaderas factorías de producción de imágenes para publicidad, catálogos, revistas de moda y otros fines, han estado experimentando desde hace ya años con los distintos medios de captación digital que la industria ponía a su disposición. Sin embargo, la tecnología digital– y todas sus especificaciones – cambia con una rapidez tal que los procesos de desarrollo e investigación de las empresas fabricantes son difícilmente amortizables, por lo que casi siempre los costes de adquisición del equipo son lo bastante altos como para que dichos equipos estuvieran, hasta ahora, fuera del alcance de quienes no tienen como principal actividad la fotografía. Incluso los fotógrafos que se dedican al reportaje social (bodas, bautizos y comuniones) veían poco factible realizar la inversión que requería una cámara digital de nivel profesional.

En la medicina dental, la aparente facilidad de uso de la fotografía digital y, sobre todo, su inmediatez, ha propiciado que muchos técnicos en prótesis dental y muchos odontólogos que no realizaban fotografías de su trabajo (o bien que habían tenido un desengaño al observar que las fotografías que llegaban del laboratorio de revelado no respondían a sus expectativas, y que dejaron de hacerlo) hayan empezado, o vuelto, a documentar sus procesos y tratamientos.

Hasta hace muy poco tiempo, dado los altos precios de las cámaras digitales de nivel profesional – réflex digitales de objetivo intercambiable – no había más remedio que utilizar cámaras digitales que no ofrecían la capacidad de control exigible para obtener resultados adecuados. Esta situación ha conducido a que se haya extendido una especie de conformismo en lo referente a las imágenes que hace que ya no se persigan las fotografías que uno necesita o quiere, sino que nos parezcan bien las que nos permitan conseguir las limitaciones de la cámara.

Por fortuna, esto ha empezado a cambiar con la llegada al mercado digital de cámaras que son similares, en prestaciones y control, a las que estábamos acostumbrados a utilizar con película y que, gracias a la agresiva política comercial de Canon, pueden adquirirse a un precio que es muy parecido – y en ocasiones inferior – al que hasta hace unos meses costaban las cámaras digitales avanzadas del segmento de consumo.

En estos momentos además, las características específicas de la tecnología digital nos ofrecen una calidad de imagen que, si bien aún no es equiparable a la de una buena diapositiva, sí es suficiente para la mayoría de usos a los que podamos destinar nuestras fotografías.

Así pues, con alguna salvedad – como el color – la fotografía digital es ya capaz de satisfacer nuestras aspiraciones de documentación gráfica dental.


 

2- Tecnología básica

2.1- Captación de imagen.

En la posición donde en las cámaras convencionales se sitúa la película, en las digitales se encuentra un componente electrónico, que puede ser CCD (Charge Coupled Device) o CMOS (Complementary Metal Oxide Semiconductors), cuya función es convertir la luz que recibe a través del objetivo en una señal eléctrica para después transformarla en información digital, es decir, en código binario.

En los CCD, esta transformación se realiza por medio de un chip adicional denominado ACD (Analog to Digital Converter), mientras que en los CMOS la conversión se lleva a cabo en el mismo sensor. Esta es una de las razones por las que los costes de fabricación del CMOS son inferiores a los del CCD (otra es que el CCD sólo tiene aplicaciones de captura de imagen y el CMOS es un chip con más posibilidades). El CMOS tiene a su favor también un menor consumo de energía.

A pesar de sus aparentes desventajas, el CCD poseía hasta hace bien poco una mayor calidad de imagen, debida quizá a su especialización, pero – de nuevo gracias a Canon, que lo utiliza mayoritariamente en sus cámaras – en la actualidad esta diferencia de calidad se ha reducido hasta la práctica inexistencia. También el sensor de tres capas Foveon que Sigma monta en sus SD9 y SD10 es de tipo CMOS.

Otros fabricantes importantes, como Fujifilm, Nikon, Pentax y Olympus, emplean en sus cámaras réflex sensores CCD, aunque algunas de ellas con características particulares. Fujifilm desarrolla su propia tecnología CCD, con una estructura de células octogonales en lugar de rectangulares.

2.2- Los píxeles y la resolución del sensor

El famoso píxel (contracción de Picture Element) es la unidad mínima que conforma la imagen digital. En fotografía convencional su equivalente sería el menor grano de sal (haluro) de plata sensible a la luz.

La cantidad total de píxeles que componen la superficie del sensor es la denominada resolución de sensor, y es la cifra que nos indica la aparente nitidez que podremos conseguir con determinada cámara. El conjunto de píxeles, observados a la distancia – o ampliación – adecuada, producen la impresión de una imagen de tono continuo. Pero si ampliamos la fotografía por encima de sus límites, los píxeles se vislumbran como pequeñas piezas individuales.

Hay que tener en cuenta también que en muchos casos (excepto si grabamos archivos RAW) la cantidad total de píxeles del sensor no se utilizan en la formación de la imagen, sino en tareas complementarias como los ajustes de balance o la reducción de ruido. Por ello, las especificaciones de las cámaras suelen distinguir entre píxeles reales – los que tiene el sensor - y píxeles efectivos – los que formarán la imagen -.

2.3- El color en la captación de imagen

En realidad, los sensores digitales no distinguen la información de color por sí mismos sino que se encargan simplemente de captar intensidades de luz. Para diferenciar los colores se antepone a cada píxel un filtro de color, de modo que lo que era una información de intensidad lumínica es ahora información de intensidad de luz más color.

Los sensores habituales están construidos como una “parrilla” de píxeles cuadrados situados (lógicamente) uno al lado de otro, por lo que se hace indispensable adjudicar a cada uno de ellos la tarea de captar la información de sólo uno de los tres colores primarios: rojo, verde y azul (RGB, sus siglas en inglés).

La disposición de los píxeles en el sensor sigue el denominado patrón Bayer, que adjudica el doble de píxeles a la captación del color verde que al azul y al rojo, puesto que para la vista humana el verde es el color más importante en la sensación de definición. De esta forma, se capta una cuarta parte de la información real de los colores rojo y azul, y la mitad de la del verde.

Esto tiene como primera consecuencia que para construir la imagen definitiva será necesario “inventar” la información que no se posee. Por ello, uno de los factores más importantes es el algoritmo de procesado de la imagen de que disponga la cámara, que es el que se encargará de la interpolación de datos.

Mención aparte merece el chip Foveon, que ha sustituido el patrón Bayer por una tecnología de capas superpuestas, al modo de las distintas capas de emulsión en la película en color, que reaccionan a las diferentes longitudes de onda de cada uno de los tres colores básicos. El sensor Foveon, pues, capta el total de información de los tres colores. Pero por el momento, sólo las cámaras Sigma mencionadas disponen de este tipo de sensor.

2.4- Características negativas en los sensores

Como todo dispositivo electrónico, los sensores están expuestos a interferencias que pueden llegar a afectar de forma muy evidente la calidad de una imagen.

Ruido de imagen: se produce por defectos en el silicio de los píxeles, por la necesaria amplificación de señal del azul – es el color al que son menos sensibles los píxeles - así que el ruido se aprecia más en este canal, por las interferencias que provocan el resto de componentes electrónicos del sistema, por el aumento de la temperatura y por la elección de valores ISO superiores al nominal del sensor (que suele ser el más bajo en la escala de cada cámara en concreto).

Falsos colores: Puesto que los píxeles captan un único color, la información que falta debe interpolarse partiendo de la que tienen los píxeles adyacentes, pero en ocasiones los resultados no son todo lo correctos que deberían ser, en especial en zonas de bordes con cambios de color. El filtro anti-aliasing disminuye en parte este defecto, pero en cambio aporta un ligero desenfoque.

Blooming: Es provocado por la luz que supera la capacidad de carga del píxel y se transmite de forma “parásita” hacia los píxeles situados alrededor. Es visible en la imagen en forma de halo ficticio en los píxeles afectados. Un sensor con la misma cantidad de píxeles que otro pero con mayor tamaño, es menos sensible al blooming.

Pixelado: La forma cuadrada (excepto en el Súper CCD de Fuji) del píxel se evidencia al reproducir líneas diagonales en la imagen, sobre todo si la cámara está provista de un sistema de enfoque de imagen por software. Cuanta mayor resolución tenga una fotografía menor será el efecto de pixelado, ya que al ser el tamaño del píxel más pequeño también será menor el “diente de sierra” en un borde nítido.


 

3- La imagen digital

Tras la captación de la intensidad lumínica y la información de color y su posterior conversión en lenguaje informático, lo que tenemos es un archivo digital que debe ser interpretado por un programa que nos mostrará ese código en forma de una imagen.

Esta imagen está compuesta por una multitud de pequeños cuadrados, los píxeles, que contienen la información de luz y color correspondiente al lugar que ocupan en el rectángulo de la fotografía.

3.1- Resolución

La cantidad total de píxeles que contenga ese rectángulo es la llamada resolución de imagen. Si nuestra fotografía tiene 3000 x 2000 píxeles – 6 millones de píxeles o 6 Megapíxeles (Mp) – se trata de un valor absoluto mientras no decidamos modificarlo en el software de tratamiento de imagen. Este número total de píxeles, sin embargo, puede distribuirse con mayor o menor densidad en un espacio determinado, lo que nos producirá una variación en las medidas físicas de la fotografía. El modo habitual de representar este segundo valor es en píxeles por pulgada (ppi, en sus siglas en inglés que no hay que confundir con dpi, que son puntos por pulgada). La densidad de píxeles, o resolución de salida, se establece para cada imagen en función del uso a que esté destinada: por ejemplo, la resolución de una fotografía para pantalla o web es de 72 ppi, mientras que para impresión suele oscilar entre 250 y 300 ppi.

3.2- Profundidad de color

Los datos captados por el sensor digital se escriben en la memoria de la cámara por medio de bits, y puesto que un bit sólo puede tener dos estados – 0 y 1, esta es la base del lenguaje informático binario – si un píxel utiliza un bit para mostrar la información de color, únicamente alcanzará a representar el blanco y el negro. Está claro, entonces, que a más bits por píxel mayor gama de tonos tendrá la imagen.

Si tenemos 2 bits – profundidad – por píxel, obtendremos cuatro estados. 8 bits proporcionan 256 tonos y si tenemos en cuenta que cada uno de los píxeles de un CCD o CMOS se encarga de uno de los tres colores primarios RGB tendremos que multiplicar los 8 bits por cada uno de estos tres colores. Es decir, que una imagen digital normal, producida en una cámara, está formada a partir de la combinación de tonos rojo, verde y azul captada a una profundidad de color de 24 bits totales (8x3).

Y 24 bits de profundidad de color representan los famosos 16,7 millones de colores que muestran los monitores de ordenador, gracias a la tecnología empleada por las tarjetas gráficas actuales.

No obstante, algunas cámaras digitales de gama alta son capaces de ir más allá y captar imágenes a 12 bits por color (36 totales) o 16 bits por color (48 totales), y aunque nosotros no podemos distinguir más de los 16,7 millones de colores que produce una profundidad de 24 bits, y que muchos programas de tratamiento de imagen son incapaces de mostrar imágenes con más bits de color, es deseable disponer de la información extra que conseguimos con 36 o 48 bits, particularmente si vamos a someter a nuestras fotografías a procesos de interpolación o ajustes en el color.

Hay que añadir que existen pocas aplicaciones de tratamiento de imagen que permitan manejar 48 bits de profundidad (Photoshop, por ejemplo), y que una vez modificada una imagen habrá que transformarla a 24 bits, dependiendo de su destino final.

3.3- Rango dinámico

Dicho en pocas palabras, el rango dinámico valora la diferencia de brillo o densidad que se encuentra en una misma imagen, oscilando entre el valor 0 del blanco puro y el 4 del negro. Si no disponemos de suficiente rango dinámico, que es la diferencia entre los valores máximo y mínimo que es capaz de producir la cámara, perderemos detalle en la imagen, en especial en las zonas de sombra.

Las especificaciones de las cámaras digitales casi nunca contienen información acerca del rango dinámico de éstas – es una característica del sensor – pero éste es un valor que tiene tanta importancia, si no más, que el número total de píxeles de resolución de CCD.

3.4- Ruido de imagen

Como ya hemos visto, existen diversos factores capaces de alterar el funcionamiento del sensor en el proceso de captación, lo que nos lleva a una pérdida visible de contraste y a percibir en las zonas oscuras el efecto “nieve”. Un CCD o CMOS de alta calidad producirá menos ruido que otro inferior, de la misma forma que el tamaño del píxel influye en la aparición o no del blooming.

En casos extremos, es posible hasta cierto punto eliminar algo de ruido por medio de software de tratamiento, pero lo mejor es disponer desde el principio de imágenes que estén exentas de interferencias.


 

4- Elección de la cámara

Ya al principio de este informe hemos apuntado la circunstancia que ha propiciado que cámaras de nivel profesional – en ciertos aspectos – estén ahora al alcance de muchos de nosotros. Lo cierto es que el freno que suponía el precio en la adquisición de cámaras réflex digitales se ha paliado en gran medida, y hoy ya es posible acceder a un sistema con la suficiente calidad y, sobre todo, capacidad de control a un coste razonable.

Los consejos siguientes se basan en la experiencia obtenida en un buen número de cursos sobre fotografía dental impartidos a lo largo de varios años, y que desde hace un tiempo, por supuesto, se centran en la tecnología y el equipo digital.

Estos son las características más importantes de un equipo – digital – para fotografía dental, sin que luego encontremos con limitaciones producidas por el propio equipo.

4.1 Óptica

No hay que olvidar que antes de que la luz llegue al sensor, ya sea CCD o CMOS, y pueda ser transformada en código binario, debe atravesar el conjunto de lentes que forman el objetivo. El objetivo de la cámara posee una resolución óptica, inherente a su construcción, que es la base principal para obtener detalle y nitidez en la imagen.

En el caso concreto de la fotografía dental, es necesario unir una gran resolución óptica a un índice de reproducción que nos permita aproximaciones de, como mínimo, 1:1 (tamaño real, en 35 mm).

La primera de las razones que nos lleva a preferir una cámara réflex digital de objetivo intercambiable es la posibilidad de utilizar objetivos especialmente construidos para la fotografía de aproximación. Su denominación más corriente es Macro (o Micro en el caso de Nikon), pero hay que observar con detenimiento el índice máximo de reproducción que alcanzan, pues en marcas distintas a Canon o Nikon existen objetivos con la denominación macro que sólo indica que pueden reducir algo la distancia mínima de enfoque respecto a su uso normal.

La longitud focal adecuada se encuentra entre los 60 y los 105mm, que proporcionan una buena distancia de trabajo y una compresión de la perspectiva poco apreciable.

En las cámaras digitales – exceptuando la Canon D 1S y la Kodak DCS 14n Pro – la longitud focal tiene un factor de multiplicación de entre 1,5 y 1,6, debido al menor tamaño del sensor comparado con el formato de la película (la Olympus E 1 tiene un factor 2x, pero como sólo puede utilizar objetivos especiales para ella no es un valor importante).

4.2- Tamaño del sensor

El mayor tamaño de sensor de las cámaras réflex, aún con similar número de píxeles reales que el de una compacta “avanzada”, produce una imagen mejor. En parte por la mayor efectividad en evitar el blooming y por la optimización de los procesos electrónicos que tienen lugar en el mismo sensor.

4.3- Almacenamiento

Cuando se ha captado la imagen y se ha transformado en formato de archivo digital, es preciso transferir esa información a un sistema de memoria capaz de almacenar una determinada cantidad de imágenes.

La memoria de estado sólido o memoria flash, disponible en tarjetas extraíbles, permite escoger entre distintas capacidades. Las cámaras réflex, por su mayor volumen y espacio aprovechable, suelen emplear tarjetas CF (Compact Flash), que unen rapidez de grabación – existen varias tasas de transferencia – a una gran capacidad y a un precio asequible. Las ranuras para tarjetas CF de tipo II son compatibles con los discos MicroDrive, pero al tratarse de un medio que tiene partes móviles, no parece tan deseable como la memoria sólida.

4.4- Búfer

Dado que el proceso de grabación de imágenes en la tarjeta de memoria requiere un cierto tiempo, más largo cuanto mayor es el archivo que se transfiere, las cámaras disponen de una memoria intermedia que hace las veces de “almacén de paso” hacia la tarjeta extraíble. Esto posibilita el realizar una serie de fotografías seguidas sin que la cámara se colapse. Naturalmente, cuanto mayor es el búfer más fotografías se pueden realizar en ráfaga.

4.5- Conectividad

Tras la grabación de las imágenes en la tarjeta, es necesario descargarlas a otro dispositivo – generalmente un ordenador, pero puede ser también un disco duro portátil –, para ello se emplean conexiones USB (Universal Serial Bus), de tipo 1 o 2, o conexión IEEE 1394 (FireWire o i-link). Por medio de un cable adecuado se conecta físicamente la cámara al ordenador y un programa de gestión se encarga de copiar las imágenes de la tarjeta al disco duro local.

Una opción distinta, es la de disponer de un lector de tarjetas de memoria conectado permanentemente al ordenador, con lo cuál evitamos el tener que andar con la cámara y los cables arriba y abajo. Sólo hay que extraer la tarjeta e insertarla en el lector.

Se encuentran lectores capaces de leer distintos tipos de tarjeta, y el ordenador reconoce cada una de las ranuras del lector como un disco externo.

4.6- Controles y menús

Es importante también que nuestra cámara disponga de un sistema de control accesible y racional. Las funciones más habituales deben estar disponibles directamente, sin que tengamos la necesidad de navegar por numerosos menús internos. La posibilidad de cambiar con rapidez los ajustes de balance de blanco, la sensibilidad, la abertura del diafragma, los modos de exposición y medición, etc., es algo que se agradece intensamente. Y el buscar la función de enfoque manual, enterrada en un submenú inencontrable, puede llevar a la exasperación.

4.7- Accesorios

Además del cuerpo de cámaray el objetivo macro hay que realizar una inversión adicional en un sistema de iluminación. Al fin y al cabo, la fotografía digital sigue teniendo como materia prima la luz.

Lo mejor para dental es un sistema de flash, que puede estar compuesto por uno o dos flash puntuales, a ser posible controlados por la cámara en TTL (a través de la lente) y un soporte flexible para posicionarlos en el lugar correcto. En caso de pretender resultados un poco fuera de lo común, puede añadirse a este sistema otro flash – en trabajos sobre modelo, no en boca – reflectores y fondos, filtros, etc.


 

5- Parámetros de la cámara

Las cámaras réflex digitales comparten muchas de sus características con las réflex de película. Por ello, obviaremos las explicaciones ya conocidas – como la abertura de diafragma, velocidad de obturación, compensación de la exposición, profundidad de campo, modos de medición, etc. – que son comunes a ambas tecnologías (digital y química) y nos centraremos en aquellas que son particulares de la fotografía digital.

Aún así, como veremos, también tienen sus raíces en la forma de tratar la imagen de la película.

5.1- Índice ISO

El índice ISO determina, en las películas, la sensibilidad que éstas tienen hacia la intensidad de la luz que reciben. Este valor es la clave de la correcta exposición de la imagen, ya que es el valor que el fotómetro toma como base para evaluar la escena y proporcionarnos una combinación correcta de diafragma y obturación.

Cuando utilizamos película con poco índice, los granos de haluros de plata sensibles a la luz son más pequeños y la exposición debe ser más prolongada, pero a cambio este pequeño tamaño de los haluros genera una mayor nitidez, contraste y detalle en la imagen final. Al usar película de índice alto, la luz expone con más rapidez la emulsión debido a que los granos de plata son de tamaño mayor, y ese mayor tamaño produce una pérdida de contraste y nitidez.

En la fotografía digital debemos proporcionarle también al fotómetro una indicación sobre la capacidad de respuesta a la luz que tendrá el receptor de la misma, y ya que el receptor siempre será el mismo, la sensibilidad debería ser también siempre la misma. En realidad la cámara digital posee una escala de valores ISO equivalentes que corresponderían a películas con esos valores reales. El valor más bajo de esa escala es el real del CCD o CMOS, mientras que los superiores al primero son valores amplificados.

Cuando amplificamos la señal electrónica, estamos aumentando en la misma medida las interferencias propias del sistema – el ruido – tal como ya hemos comentado más arriba. Por lo tanto, el valor ISO que debemos seleccionar es el más bajo posible en cada cámara.

5.2- Balance de blanco

El sensor digital tiene una respuesta predeterminada a la información de color, así que se hace necesario adecuar dicha respuesta al tipo de luz que recibe. Por medio del selector de balance de blanco (WB) informamos al sistema de procesado del chip de la temperatura de color de la luz que vamos a utilizar para la fotografía. Si la elección es correcta, el color de la imagen también lo será. Si, por el contrario, escogemos un balance inadecuado (o lo hacemos adrede para lograr un efecto especial) obtendremos una dominante de color irreal en la imagen.


 

6- Archivos digitales

Existen muchos tipos distintos de archivos de imagen digital. Algunos comprimen la información para evitar que las fotografías ocupen mucho espacio – virtual – en la tarjeta de memoria y en el ordenador, así como para que la grabación y descarga se realicen en tiempos más cortos.

Entre los modos de compresión los hay con pérdida, que eliminan parte de los datos similares de la imagen para después recomponerlos por interpolación, y sin pérdida, cuya ventaja es que sustituyen todos los píxeles con información idéntica por una “nota” en la que se especifica cuál es esta información y el lugar que ocupa en la imagen. Los más interesantes son los siguientes.

6.1- JPEG

Es el más habitual en todas las cámaras de media gama. Se trata de un formato comprimido con pérdida. Es posible escoger la cantidad de compresión aplicada, por lo que la calidad y el tamaño del archivo son variables dependiendo del grado de compresión. En fotografía dental para fines distintos de aplicaciones web o pantalla, debería usarse el formato JPEG con la mínima compresión que permita la cámara.

También todos los programas de imagen reconocen este formato, por lo que es uno de los más extendidos.

6.2- TIFF

Formato sin pérdida, normalmente no se comprime en la cámara aunque en algunos programas de gestión de imagen se encuentran distintas compresiones de TIFF, como LZW o RLE. La ventaja del formato TIFF es su práctica universalidad y la posibilidad de trabajar con imágenes de hasta 48 bits de color. Es el formato estándar en las labores de impresión comercial. Su desventaja es el gran tamaño de archivo y el mayor tiempo de grabación.

6.3- RAW

Se trata de un formato específico de cada marca de cámara. Los archivos RAW de Canon (CRW) son distintos de los de Nikon (NEF). Graba datos en bruto del sensor (sin procesar) y, por consiguiente obtiene la máxima información posible de cada píxel, incluidos los que en otros formatos se utilizan para procesos de comunicación y reducción de ruido. RAW exprime a todos los píxeles reales del sensor, no sólo a los efectivos. Además de grabar más información, los archivos RAW ocupan menos espacio en la memoria que los archivos TIFF.

6.4- ¿Cuál usar?

Lo ideal es utilizar siempre el formato con la mayor calidad posible, teniendo en cuenta que no todas las cámaras pueden generar archivos de los tres tipos mencionados arriba. Algunas, por ejemplo, grabarán JPEG y TIFF, otras JPEG y RAW, y alguna será capaz de utilizar los tres.

Si la cámara tiene esa posibilidad, lo mejor es usar RAW puesto que la gran cantidad de información grabada nos permitirá más flexibilidad si tenemos que efectuar algún ajuste de color o interpolación. De unarchivo RAW podemos obtener un TIFF para impresión de alta calidad y JPEG para presentaciones o web. Hoy se está generalizando la función de obtener directamente en la cámara un archivo RAW y otro JPEG de la misma imagen simultáneamente.


 

7- Consideración final

Aunque dada la naturaleza del informe nos hemos centrado en establecer las bases de la fotografía digital, no hay que olvidar en ningún momento que fotografía significa “escribir con luz”, por lo que de nada nos servirá el disponer de una cámara excelente y una óptica con la mejor resolución si no nos preocupamos del control total de la luz que va a formar nuestra imagen.

Las características especiales del objeto dental – o el paciente – sólo pueden representarse de forma adecuada si la luz es capaz de revelar las texturas, formas y colores de dicho objeto. Los brillos especulares excesivos, la luz plana y unos ajustes incorrectos en la cámara – y, por supuesto, una falta de enfoque y nitidez – pueden estropear de manera definitiva todo el empeño que pongamos en nuestro trabajo.

La cámara, tanto si es digital como si es convencional, no es más que una herramienta que está al servicio de la técnica y los conocimientos empleados en ella.

Agustí Vernedas

 

 

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